Diez minutos de paseo por las céntricas calles de Alicante valen para darse cuenta de los motivos por los que se ha llevado el dudoso premio de ser una de las ciudades más sucias de España, según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). ¿Las quejas? Las pintadas, los excrementos de perros y las obras en la ciudad.
El estudio de la OCU se basaba en encuestas a ciudadanos y las quejas de los españoles estaban resumidas en tres puntos: los excrementos, las pintadas y las obras. En diez minutos de paseo por la zona turística de la ciudad -de Óscar Esplá al Puerto- comprobamos que nada es exageración.
ÓSCAR ESPLÁ, PUNTO DE PARTIDA
Comenzamos nuestro periplo comprobatorio desde el paseo de Óscar Esplá, a escasos metros de la Avenida de Maisonnave, una de las más caras de la geografía española. Nos inmiscuimos en el parque, uno de los más transitados y empezamos a comprobar el sentido del voto.
Los jardines están teñidos de tonos marrones pálidos. Sí, la hierba cuesta encontrarla. A ello hay que unir los numerosos socavones y excrementos de perros. Muchos excrementos de perros.
También hay pintadas. Los bancos no se han librado del calvario de los ‘grafiteros’. Enfilamos la parte final del paseo y la situación no mejora. Entre la dejadez de los jardines y los numerosos objetos no identificados que revolotean por el suelo, hay que andar con cuidado.
La única ventaja que nos da caminar por el centro del paseo es que, a nuestra derecha, la construcción de una macro urbanización y los resquicios del polémico aparcamiento de Enrique Ortiz entorpecen el paso . Caminar por esa acera supone sortear agujeros en el suelo, conos que no señalan nada y cintas de obra olvidadas. Es lo que tiene la construcción.
LA ESTACIÓN DE MURCIA, EL INFIERNO
Coronamos el paseo de Óscar Esplá y nos damos de bruces con la calamidad en la que se ha transformado la Estación de Murcia. Antaño era el punto de partida de los sueños, ahora es, literalmente, un vertedero. Aunque Zapatero ha prometido convertirla en la Casa del Mediterráneo.
Indigentes y las ratas comparten espacio. Superamos la primera valla y nos asomamos por una de las ventanas que hace años ya no tienen la protección de los cristales. Respirar más de cinco segundos sin tener una arcada es un mérito.
Optamos por enfilar ahora el camino hacia el Puerto. Antes de llegar, nos encontramos con un aparcamiento abandonado –de vehículos, que no de basuras-, y una obra más: la Casa del Mar
Hace semanas, esa recóndita esquina se había convertido en un urinario de moda para los jóvenes que se desperezan los fines de semana en las inmedizaciones. Ahora, la cosa no ha cambiado mucho, pero al menos los olores han dejado espacio a las vallas que señalizan el inicio de las obras.
MIRANDO AL MAR
Sin mirar mucho al suelo, llegamos al paseo del Puerto. Optamos por sentarnos al inicio, desde donde se ven salir las embarcaciones del Club de Regatas. Lo hacemos entre chasquidos. Los que provocaban las cáscaras de pipas que había en el suelo.
El horizonte nos da vida, pero sobra con mirar al mar para volver a la realidad.
PASEO GRÁFICO POR LA CIUDAD
A continuación mostramos una galería de imágenes que describen a la perfección el calvario que nos encotnramos durante nuestra salida.
Etiquetas: ecología
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